Diego Sinchi Quizhpi es el nuevo sacerdote de la comunidad religiosa Misioneros Xaverianos de Yarumal, comunidad que se encuentra próxima a celebrar cien años de servicio.
El sábado 4 de julio, en la iglesia de la parroquia Santa Rosa, se llevó a cabo la ordenación sacerdotal del diácono Diego Fernando Sinchi Quizhpi, m.x.y., perteneciente a la comunidad de Misioneros Xaverianos de Yarumal.
La ceremonia constituyó una gran fiesta para la Iglesia. Presidió y confirió el sacramento del Orden, el Arzobispo de Cuenca, Mons. Marcos Pérez.
Diego Fernando Sinchi Quizhpi nació el 19 de octubre de 1997, en Santa Rosa, en el seno de una familia conformada por sus padres, Oswaldo Sinchi (†) y Olga Quizhpi, junto a un hermano y dos hermanas.
El 21 de agosto de 2016, fue admitido en el Seminario Misionero Xaveriano, iniciando así su proceso formativo hacia la vida sacerdotal. Durante cuatro años realizó sus estudios en el Seminario Arquidiocesano de Cuenca “San León Magno”, donde obtuvo el certificado de estudios en Filosofía.
En el año 2021 viajó a Colombia para realizar el Noviciado, etapa fundamental en su formación religiosa. El 3 de diciembre de ese mismo año realizó su profesión como miembro del Instituto Misionero de Yarumal. En 2022 fue enviado al departamento de Guainía para vivir una experiencia misionera. Ese mismo año, en el mes de diciembre, afrontó la pérdida de su padre, Oswaldo Sinchi.
En el año 2023 inició sus estudios teológicos en la Universidad Católica Luis Amigó de Medellín. El 29 de noviembre, recibió el ministerio del diaconado, por imposición de manos de Monseñor Mario Álvarez, Obispo de la Diócesis de Istmina, en la parroquia San José de Medellín.
Al final de la Eucaristía de ordenación sacerdotal, el P. Diego Sinchi agradeció a Dios por esta gracia. “Hoy mi corazón rebosa de gratitud. Todo lo que soy y lo que desde hoy se dé, tiene solo un origen: El amor misericordioso de Dios, que conoció mi fragilidad, quien me ha llamado, quien me ha elegido por mi nombre, quien me ha regalado el sacerdocio. Solo quiero decir gracias por haberme elegido, por amarme como hijo, por llevar a la plenitud la gracia de mi bautismo y por hacerme partícipe de su misión. Desde hoy deseo entregar toda mi vida para anunciar el Evangelio, hacer presente a Cristo en la Eucaristía y servir con alegría a su Iglesia”. Agradeció también a su madre por enseñarle a crecer, a rezar y a confiar en Dios.


































































